Curiosidades de La Biblia (?)


Grata fue la noticia cuando llega a mis manos un ejemplar de la Sagrada Biblia, una versión directa de las lenguas originales. La misma, “manufacturada” por Eloino Nácar Fuster y Alberto Colugna y “revisada” por Maximiliano García Cordero.

Una hermosa edición a cargo de “La Editorial Católica, S.A.” de Madrid. Es la Tercera edición, impresa en el año 1978, ilustrada con fotografías de hermosos códices. Mas leyéndola me surgieron varias preguntas que desearía los entendidos puedan responder.

Primeramente, el pié de impresión dice así:

(c) Biblioteca de Autores Cristianos, de EDICA, S.A. Madrid 1970

Mateo Inturria, 15. Madrid.

Con censura eclesiástica

Depósito legal: M 23734-1978

ISBN 84-220-0340-6

Impreso en España. Printed in Spain

Lo anaranjado… ¿A qué se refiere precisamente?. Espero lo respondan mientras sigo leyendo. Y me encuentro con algunas cosas que desearía me respondan (si es posible), como lo habrán hecho ya con lo anterior.

Dentro del capítulo “Introducción General”, precisamente en la pag. n°7, en el apartado IV titulado “El canon de los Sagrados Libros”, en su inciso 19 “Criterio de canonicidad”, hubo algo que realmente atrapó mi vista. Procedo a copiarlo textualmente:

“… Llámase canon a toda regla de la fe o de la disciplina eclesiástica. De aquí procede la denominación de canónicos que se da a los libros sagrados como tales, pues son regla de nuestra fe y de la vida cristiana, y, además, porque han sido incluídos en otra regla más alta y universal, que es la tradición viva de la Iglesia. De ésta regla decía San Agustín que no creería en la Escritura si no le dijera la Iglesia que había de creer en ella. En la tradición de la Iglesia se contiene la doctrina […] de cuáles son éstos (los libros santos). […] Por eso, los más antiguos documentos oficiales que poseemos sobre el canon de los libros sagrados regulaban la lectura pública en la Iglesia…”.

Primero, habiendo sufrido la misma institución cambios abruptos en sus concepciones acerca de la realidad ¿debo creer en ella?. Me remito a un ejemplo: hubo un tiempo en que el Clero casi condena a Galileo por decir que la tierra giraba en torno al sol. Si bien Galileo no contaba con los medios óptimos para demostrar lo que decía (cosa que luego hizo y fue rechazado), la Iglesia contaba solo con un verso de las Sagradas Escrituras para sostener lo contrario.

Tomemos que fueron los Hombres quienes interpretaron mal la “Palabra de Dios”. ¿Qué garantías tengo que no la estén interpretando erróneamente ahora y, siguiendo el ejemplo de San Agustín, crea yo algo infundado erróneamente que mas adelante sea desmentido? ¿Debo entonces creer en la Iglesia o en un Dios? Pues aquí he marcado una abismal diferencia entre unos y otro: Él/Ella/Eso.

Lo segundo que desearía saber es ¿regular la lectura pública? Si hablamos de regular, es con respecto a algo, es con respecto a lectura que se considera inconveniente. ¿Quiénes determinan que yo tenga acceso o no a determinados documentos? ¿Eso acaso no es censura?. Pero, la censura queda dentro de la institución por lo que puede que halla una explicación plausible de ser aceptada y humanamente concebible por lo que continúo leyendo, apoyándome en que la primera pregunta de todas englobe en su respuesta.

Me encuentro ahora con lo siguiente. En la pag. N°9 del mismo apartado anteriormente citado, leo algo que toma mi cabeza y la inclina cual obligado a leer. Bajo el título “Orígenes de la Vulgata” y su inciso 23 veo:

“…A San Jerónimo, llamado por la Iglesia Doctor maximus in interpretandis sacris scripturis, se debe un triple trabajo sobre ellas. Primeramente corrigió la versión latina del Salterio, según la edición griega corriente. Después corrigió el mismo Salterio y otros libros del Antiguo Testamento, según la edición hexaplar de Orígenes. Por último, tradujo directamente del hebreo todos los libros del canon judío, y del arameo los libros de Tobías y Judit. Algunos de estos trabajos no pasaron al uso público de las iglesias y se conservaron en poder de los eruditos…”

Y me pregunt: ¿En quién debo tener fe? ¿En un Dios? ¿O en la capacidad de San Jerónimo y colaboradores de no cometer error alguno en tanto ir y venir de escritos? Tampoco tengo certeza de que San Jerónimo lo halla hecho respondiendo a la voluntad de un Dios. Para esa época la voluntad de los hombres distaba mucho de lo que su Señor deseaba, por lo que observo en mí, una traspolación de mi “fe” (que debiera ser en un Dios), a un hombre a quien ni tuve oportunidad de conocer.

Pero más allá de eso, me impacta lo segundo trazado en azul. ¿Quiénes son los “eruditos”? ¿Qué los diferencia a ellos de un “gentil” a la hora de escuchar al Padre? ¿Quiénes determinan qué tengo que leer y qué no? ¿A qué temen? Aquí veo un claro ejemplo de por así decir “censura” (?) siendo la censura sinónimo de miedo, de potencial pérdida del control pero ¿del control hacia quiénes? Si bien San Jerónimo había excluído cosas que luego se incluyeron mis preguntas toman aún más validez: ¿Qué se habrán olvidado que mañana dirán que es correcto?.

El cierre lo doy con algo que si me alerta en cuanto a canónicos se dice. En el mismo inciso leo:

“…De estos elementos vino a formarse el texto de la actual Vulgata, que el Concilio de Trento, apoyándose, no en un exámen crítico de la versión, sino en el uso tradicional de la Iglesia, declaró auténtica, mandando que nadie, bajo ningún pretexto, osara rechazarla en los actos públicos del magisterio ordinario de la Iglesia, como lecciones, predicaciones, etc…”

Las tradiciones se caracterizan por ser una sumatoria consecutiva de hechos pasados y consecuentes en un presente. Me alerta, como dije, el hecho de no haber sido utilizado un examen crítico; lo que explícitamente dice es que fue hecho un examen que carece de la utilización del raciocinio “vulgar” y “metódico” y utilizaron otro criterio de selección tradicional pero ¿A qué intereses sumatoriales responde esa selección según la tradición? He aquí, que enciendo la luz roja de la razón y me pregunto una y otra vez:

¿Tengo Fe o tengo miedo infundado por vaya a saber quiénes y qué intereses?.